NEUROCIENCIAS Y DERECHO PENAL

Por Francisco Castex

 

  1. El respaldo de las neurociencias

En el campo de la ciencia, se utiliza el tiempo que sea necesario para obtener respuestas lo más cercanas a la realidad posible. Por el contrario, el sistema legal, raramente opera dentro de un paradigma explícitamente experimental. En vez de regresar al “borrador” hasta obtener más conocimiento, los agentes judiciales deben tomar decisiones, aun cuando la información disponible se encuentre lejos de la verdad. Además, en el derecho, la mejor decisión que puede tomarse, con la limitada evidencia que uno tiene, debe cumplir con las expectativas temporales de la sociedad.

Por medio de un proceso penal se debe, o al menos intentar, arribar al resultado más justo, lidiando con limitaciones de tiempo, escasos recursos, incertidumbres y la prueba, que generalmente depende de la memoria imperfecta e interesada de las partes.

La consecuencia es que frecuentemente las decisiones son tomadas en base a evidencia que se apoya fuertemente en una dirección.

 La evidencia neurocientífica, rara vez será el único medio de prueba relevante para una decisión legal. En algunos casos, las neurociencias podrían sólo apuntar hacia la misma dirección que el resto de la prueba.

En estos casos, podríamos llamar a esto como una “función de respaldo”, ya que la prueba neurocientífica, apoya colateralmente y por lo tanto refuerza, algo que se sostenía en forma independiente.

De esta forma, brinda ayuda al sistema legal, de la misma manera en que la utilización de cuatro diferentes e independientes métodos para llegar a una conclusión, dan más sustento a ésta que lo que daría el utilizar uno o dos métodos solamente.

Supóngase, que una persona se comporta de una manera violentamente criminal, es arrestada y está a punto de ser juzgada. Los testigos aportan sus declaraciones y un examen psiquiátrico, determina que el sujeto tiene un trastorno mental. A través de una resonancia magnética, se conoce la existencia de un tumor cerebral en la región de la corteza pre-frontal, parte del cerebro asociada a la habilidad de inhibición y autocontrol.

Ese dato aportado por las neurociencias es realmente relevante para el proceso penal. La evidencia con la que se cuenta en los procesos penales, nunca es tan precisa como el método científico, por ello, valerse de éste como en el caso del ejemplo, ayuda a acercarse al resultado más justo.

Obviamente, que no se propone la prueba neurocientífica como dato único e  incontestable para demostrar autónoma e independientemente la culpabilidad o la inocencia del imputado, la falsedad o la verdad de un determinado hecho o incluso la subsistencia de un cierto estado o condición. Se trata de un “factor además de otros” y no de un diagnóstico capaz de decidir un proceso penal[1].

  1. Alteraciones cerebrales y prueba de la verdad: la propuesta de las neurociencias

Las neurociencias realizan aportes valiosos que implican detectar hechos que son legalmente relevantes. Un ejemplo paradigmático de esto, son los métodos para detectar la extensión de las lesiones cerebrales.

 Por otro lado, el examen llamado fMRI (Resonancia Magnética Funcional) mencionado en el ejemplo anterior, permite medir la variación de los flujos sanguíneos en determinadas áreas del cerebro, provocada por estímulos particulares. El método de detección de recuerdos autobiográficos, es otro ejemplo de una útil herramienta para obtener mejor evidencia en un proceso penal. También lo son las modernas técnicas de interrogatorio que vienen utilizando el análisis de la comunicación no verbal a los fines de detectar si un sospechoso está mintiendo cuando esté siendo interrogado.

La detección e interpretación de las microexpresiones faciales supera con mucho a los actuales detectores de mentiras, cuya eficacia ronda en el 50 por 100 en el mejor de los casos. Estas expresiones son prácticamente imposibles de enmascarar y no varían demasiado entre las distintas culturas. Teóricamente, analizándolas sería posible descubrir si alguien tiene algo que ocultar. Es por eso que se ha ideado un software de reconocimiento que ha permitido identificar y aislar los movimientos específicos de cuarenta y cuatro músculos faciales relacionados con el miedo, la desconfianza, la angustia y el engaño. A esta tecnología ahora se le suma el uso de escáner por resonancia magnética funcional, para medir los circuitos neuronales que se activan, detectando si el sujeto miente, iluminando el escáner la zona identificada con las emociones y el control cognitivo[2].

Gracias a estos aportes, uno podría encontrar o al menos arrimarse a obtener una respuesta satisfactoria que permita acercarse a la verdad procesal. Valiéndose de estas contribuciones neurocientíficas y detectando cosas que de otra manera serían imposibles de detectar, se ayudaría al sistema legal a contestar algunas de las preguntas más importantes y perennes que se suscitan durante el proceso.

Obviamente, estos avances deben siempre respetar las garantías individuales y ello es lo que debemos analizar.

  1. Medidas alternativas a la pena privativa de libertad

Las neurociencias, enriquecen no sólo el campo del derecho procesal penal sino que también realizan aportes al derecho penal material.

En los contextos criminales, uno de los problemas más difíciles de solucionar es cómo reducir los costos sociales que implica encarcelar a un sujeto y luego lograr su reinserción a la sociedad.

Una de las maneras en las que las neurociencias pueden ayudar al sistema legal a reducir estos costos, es mejorando la capacidad de las leyes para ordenar a las personas en grupos que quizá deberían ser tratados en forma diferente bajo la ley. Por ejemplo, hay ciertos imputados o cierto tipo de imputados, como ser sujetos ligados a delitos sexuales o de conflictos intrafamiliares, que podrían responder más efectivamente a un tratamiento médico u otro tratamiento especial.

Otra manera en la que las neurociencias influyen y ayudan al sistema legal, minimizando los costos que generan la encarcelación y la reinserción, es ofreciendo nuevas y efectivas intervenciones. Por ejemplo, la neurociencia psicofarmacológica, podría presentar nuevas drogas, con nuevas capacidades, que logren reducir la incidencia de ciertos tipos de reincidencia.

No obstante, muchas intervenciones valiosas continuarán siendo estrictamente del comportamiento, por ejemplo a través de cursos dirigidos de educación y entrenamiento o a través de técnicas especiales de modificación del comportamiento (también conocidas como Análisis de Comportamiento Aplicado (ABA) ó Apoyo a las Conductas Positivas (PBS)).

  1. Neurociencias e imputabilidad

A la luz de las neurociencias, se explican cuestiones relacionadas al aspecto legal de la toma de decisiones y así, éstas podrían ayudar al sistema legal a aprender más acerca de las causas por las cuales sesgos inapropiados, influyen en el accionar de la persona.

Las investigaciones efectuadas sobre el comportamiento de la corteza cerebral confirman que no todo es racional en la toma de decisiones, al extremo que se ha llegado a concluir que muchas personas no pueden tomar decisiones sólo porque son capaces de atribuir un valor adicional a una opción[3].

Precisamente, desde el punto de vista de las neurociencias, se puede establecer que entre jóvenes y adultos existen diferencias en el grado de desarrollo de estructuras y funciones cerebrales vinculadas con la toma de decisiones. Con base en estas consideraciones, la Suprema Corte de los Estados Unidos, en el caso Roper vs. Simmons, de marzo de 2005, abolió la pena de muerte en crímenes cometidos por jóvenes con una edad inferior a los dieciocho años. Para fundamentar su decisión, el voto de la mayoría se apoyó en las investigaciones neurocientíficas más recientes, para establecer que jóvenes y adultos no son iguales y que, por tanto, no pueden ser sancionados de la misma manera[4]. La Corte, reiteró este criterio en un caso más reciente, Miller vs. Alabama, del 25 de junio de 2012. Consideró que hay diferencias relevantes entre los jóvenes y los adultos. Sostuvo que, en primer lugar, los jóvenes carecen de madurez y tienen menor sentido de la responsabilidad. Son más vulnerables a las influencias negativas y presiones del entorno y su carácter, no está tan formado como el de un adulto. El Tribunal supremo, manifestó que no sólo se basaba en el sentido común para arribar a dichas conclusiones, sino también en las ciencias y en las ciencias sociales.

Conclusión

Intenté esbozar, maneras en las que las neurociencias enriquecen tanto el ámbito del derecho procesal penal, como el del derecho penal material. De todos modos, es importante resaltar que el sistema legal no puede ser delegado a otro campo. Las neurociencias no responden los dilemas jurídicos, sino que ayudan enfrentarlos.

El derecho necesita las neurociencias para entender al individuo de manera que permita alcanzar una regulación más justa, eficiente y eficaz de las actividades que éste desarrolla.

El sistema legal, debe confrontar los  problemas legales con las respuestas que las neurociencias ofrecen. Estas preguntas están apareciendo en las cortes e ignorarlas no es una opción.

 Se demuestra una vez más, la interrelación entre ambos campos de estudio y  que la transversalidad, no hace más que generar ideas y más ideas que contribuyen, a la evolución humana a través del intercambio de conocimientos, que ha sido lo que realmente nos ha hecho crecer.

[1]Corda, A., “Neurociencias y Derecho Penal desde el prisma de la dimensión procesal”, Neurociencia y proceso judicial, ed., Marcial Pons, Buenos Aires, 2013, pp. 127-128.

[2] Op. Cit., Molina García, R, “Neurociencia, neuroética, Derecho y proceso”, p.70.

[3] Op. Cit., Molina García, R, “Neurociencia, neuroética, Derecho y proceso”, p.59.

[4]   Disponible en:  http://justiciapenaladolescente3.blogspot.com.ar/2007/08/roper-v-si...

 

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