Fragmentos y anécdota de una indómita amistad con Johan Sebastián Jiménez In memoriam

Fragmentos y anécdota de una indómita amistad con Johan Sebastián Jiménez (In memoriam)

Muchos tenemos una experiencia o anécdota fugaz y elocuentemente reveladora con él: una charla cálida y trascendental sobre Dios o sobre un locuaz suspiro que le haya causado la sonrisa coquetona de alguna chica; por tanto, me tomo la presteza que la palabra nos ofrece para compartir una semblanza de nuestra amistad acompañada de un poco de su obra, como una invitación a que lo recordemos desde su más incólume y abierto campo de batalla: la palabra.

Remembro aquellos gozosos tiempos en mi residencia en Medellín que, bajo el candor y encanto de las cosas simples, conté con la aventurada presencia de una de las personas más creativamente solas que he conocido, Johan Sebastián Jiménez. Había prometido compartir sus cartas y poemas de gran riqueza epistolar que, a su vez, gozan de una cándida aventura eternamente adolescente, pero la solícita privacidad con que me los envió solo me permiten, bajo una moral un tanto ingenua, compartir fragmentos detonantes y que marquen un quiebre propositivo en sus cuestionamientos. Me siento en el humilde deber de ofrendarle un poco de este silencio, ya que su forma de volar a otra nebulosa así pareció exigirlo. Sin embargo, asumo valiente la intención de sus cercanos por compartir los trabajos que entrañablemente desnudó. Sin personas como estas, el nombre de Franz Kafka solo existiría en los documentos de su escuela primaria.

Johan Exploró el lenguaje hasta su más fugaz entraña sin saber hasta qué punto podría quemarse. Paradójicamente, era amo y señor de sus propios miedos y, hasta el último respiro que le regaló a esta nauseabunda marea en que vivimos, se sintió timonel de su propio destino. No tuvo mejor estandarte que el de la amistad en todas sus expresiones y siempre explotó en él esa flamante condición de pastor de nuestros absurdos cuestionamientos, como cualquier personaje de Beckett y, continuando con la paradoja, lo recuerdo en su condición de niño desprotegido y la expectativa de un abrazo que se acompasaría con sus ojos sutilmente despiertos ante la palabra nuestra como granos de café en su momento pleno de la cosecha, lo diviso recostado en mi hamaca escuchando “Luna” de Zoé, mientras eleva la hondura de su pecho haciéndole preguntas enmarañadas a la vida y yo, como siempre, regañándolo conceptualmente con mi torpe excentricismo al lado de Steven Ríos, uno de esos poetas que se hace querer de toda la vecindad, y a veces le hablábamos con el ímpetu cariñosamente procaz de dos hermanos mayores de esos fastidosos que creen saber algo de algo… Me parece verlo repasando sus prolongados dedos por las empolvadas estanterías de mi enferma biblioteca hojeando fragmentos de poetas antioqueños que le recomiendo, mientras escuchamos “Wish you were here”.

Los fragmentos de la obra de Johan, aquí recopilados, son una sencilla entrega que hago para este portal brasileño y para todo el mundo interesado en honor a aquellos seres que se han tomado la presteza de rendirle un homenaje a nuestro amigo, a la necesaria resignación de sus familiares y amigos, con los mayores respeto y cariño, y a quienes se atreven a reconciliarse con el recuerdo en vez de discutir con su ausencia. Si no hago esta prédica, temería el dolor que me aguzaría por haberle hecho este homenaje póstumo y no en vida. Por fortuna, él aprendió a ser eterno.

Manuel Felipe Álvarez-Galeano, orillas del río Jequetepeque, 4 de enero de 2017.

 

 

… solo en aquel momento de penumbra absoluta mi razón funciona, la estúpida pasión mal fundamentada pierde su peso para darle paso a miles de cuestionamientos existenciales que hay en el interior de mi subconsciente, sonrisas mal fingidas me rodean junto con abrazos falsos y palabras que solo deberían quedarse en el viento…           Del texto “Vacío”.

 

Duele en mi alma que un pedazo de papel sea mi único acompañante.     De “Poesía inspirada en mi bella dama”.

 

Así que heme aquí: un poeta loco que escribe en la madrugada lo que piensa decirte al día siguiente, con la esperanza que en el papel no me fallen las palabras, como si lo hacen los sonidos al olor de tu aliento.

Del texto “Carta terminada para tu amada”.

 

Hoy quise volar. Mientras estaba en el tejado mi mente estuvo clara. El cigarrillo en mi mano se consumía como muchos de mis pensamientos, el deseo de volar tomó peso, me incorporé, flexioné mis piernas;  pero el miedo recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Miré al cielo y anhelé llegar a tocarte tu imagen cual Selene en mi mente abarco el cielo nocturno, y tu sonrisa enmarcada de blancas perlas, estrellas rutilantes por las que Dios me mira, me llamaban, cantando entre un coro que el universo tocaba para mi a través de ti…


Como quería volar y tocarte,  pero no pude…

 

Del texto “Carta terminada para tu amada”.

¡Hasta siempre, eterno mago de las palabras solitarias!

 

 

 

 

 

 

 

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Comentário de Críspulo Cortés Cortés em 5 janeiro 2017 às 3:56

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